<$BlogMetaData$>

jueves, octubre 29, 2009



Dicen que cuando una persona muere se le pasan por delante imágenes del resumen de su vida. No sé si esto será fruto de la leyenda o tal vez una forma cinematográfica sobreexplotada para hacer que el espectador comprenda cómo fue el personaje en cuestión. El caso es que, independientemente de qué sea, si eso es verdad, sé cuáles serán algunas de esas imágenes que se me van a pasar por delante el día que trinque la maleta y me vaya para el otro barrio…


Para situarnos en un nivel un poco más terrenal os comentaré: Allá por el año 95 un servidor ya soñaba con salir en carnaval. No pudo hacerse realidad hasta varios años después, cuando un Chito veinteañero, por puro compromiso, empezó a dirigir a un grupo de pubertosos chavales que no sabían muy bien qué era esto del carnaval. A partir de ahí a ir creciendo lo que cada año se pudo en el ámbito carnavalero. Muchos fueron cayendo por el camino por poca pasión por la carnestolenda fiesta o simplemente por compromisos amorosos, estudiosos, laborales y de algunas otras índoles. Se sucedían las noches escuchando el Falla por la radio, soñando con pisar un día las tablas de tan preciado templo. Oí a grupos salir llorando de allí de alegría o de rabia. Oí gente a la que le habían echado el telón por malos, y gente portada por aficionados cual torero saliendo por la puerta grande. Oí cómo unos abucheaban al gran Martínez Ares y oí cómo otros hacían lo mismo con el que ya por el año 97 era mi ídolo: Aragón. He visto muchas horas de carnaval y me ha quitado el sueño muchas noches la loca idea de pisar las tablas de aquel teatro colorado por fuera y negro por dentro.


Y un año, de repente, como suceden las cosas en la vida, el sueño se hizo realidad. El viaje en autobús a La Tacita de Plata, arrancándole infructuosamente la pegatina de publicidad (aún a día de hoy no cobrada, gracias, partidopopular de Ronda) al bombo. Los nervios, la parada en el camino, las fotos que nos hicimos. La peña en la que nos cambiamos. Aquel olor a bar de viejos, cerveza, maquillaje, crema y nervios. Disfraces, pelucas, maquilladoras (gracias a todas ellas una y mil veces). Una cerveza. Y otra. Y luego otra. Y otra. Y otra más. Las tortillas que nos trajo el bueno de Chato con su correspondiente caldito. Y Chiqui limpiándose las manos aceitosa en aquella pelota que trajo Faíto. Las caras cada vez más maquilladas de negro pero cada vez más blancas de miedo. La chirigota "Los Tijerita" (que a la postre fueron primer premio, donde militaba nuestro otro autor, Sergio el Majara, grande donde los haya) pasando por delante, entrando muchos a saludarnos, a desearnos mucha mierda. ¿Estamos todos disfrazados? Llegó la hora de salir. Vamos, pasacalles. Allí estaba mi Lola mirándome con una cara en la que se atisbaba satisfacción y nervios a la vez. Y algunas de las niñas de la comparsa. Y las maquilladoras. Y los postulantes. Y mis compañeros de la chirigota.


Adoquinado del suelo de las calles del barrio de la Viña clavándosenos en la planta de los pies con esas chanclas cangrejeras de a 5 euros el par. Íbamos todos más asustados que el niño cuando va por primera vez a la escuela. "Señores, que esto parece un velatorio, coño alegría, que esto es carnaval". Cuánta razón tenía el bueno de nuestro amigo y autor El Chato. Giramos varias calles y ante nosotros se levanta el coloso del carnaval. Entramos por la puerta de atrás y nadie nos pone la más mínima pega (igualito que en cine Alameda en Málaga. Las comparaciones cómo son…). Y dentro un suelo blanco y pulido. Escaleras y puentes. Subimos a la planta de arriba, nos indican cuál es nuestro camerino. Últimos retoques del maquillaje que se nos había ido. Entramos en una gran sala donde se afinan y calientan voces. Joder, estábamos muertos de miedo. Yo miraba a Chiqui con la cara desencajada. Y a Quero. Y a Valiente. Se acerca Chito y me dice, con aquella peluca de Wilson "atiende a uno del Charry". Salgo y hago el pamplina. Nos dan un vasito de vino fino pa calentar el gañote. "Señores, poneros". Nos posicionamos, poniéndonos los guantes. Calentamos con el afamado "Cai de mis amores". Diez o veinte trabajadores del teatro nos miraban. Se miraban entre ellos y asentían. De repente Faly Vila se vuelve y le dice al Chato "Menuda suerte habéis tenido. Cómo suenan los chavales…" Y de repente me aíslo del mundo. Y me pasan por la cabeza las noches en Sevilla escuchando carnaval hasta las tantas con el loco del Pedro. Y las coplas escritas en mis libretas. Y el frío bajo cero de las noches de ensayo. Y me acuerdo de los butaneros, y de la caña de españa. Y de las mangonas y de los pollos y las capitulas. Y de aquel grupo de chavales quinceañeros que un día se colaron en el local de Chito pa que les dirigiera en carnaval. Y me digo. "Joder, hemos llegado hasta aquí. Once años después estoy aquí. Tantas veces que lo había soñado… y ahora que estaba allí estaba muerto de miedo. Había subido hasta lo más alto del tobogán Kamikaze y ahora me daba miedo tirarme… no señor. Voy a salir y a disfrutar como un enano".




Las tablas del Falla huelen de una manera muy peculiar. No sabría explicaros porque allí huele a madera, a maquillaje, a sudor, a disfraz, a nervios por todas partes. Un hombre alto se pone delante de nosotros. Se oye el murmullo del público, el telón aún está echado. "Señores, ustedes a disfrutar. Si algún chufla del gallinero os dice algo ustedes ni caso, a lo vuestro. Que tengáis suerte y que disfrutéis". Gracias, Miguelángel Fuertes. Es verdad que es nuestra noche. Miro a Lirio, miro a Coky. Me vuelvo y guiño a Chito que sujetaba la guitarra, nervioso pero tratando de mostrarse sereno. Y de repente se levanta el telón del Gran Teatro Falla…



El público aplaudía nuestro repertorio finalizado. Estábamos exhaustos, sudando, acalorados y sin aliento. "Mira cómo tenemos el Falla, hermano"… Me decía Lirio señalando con la mirada pal gallinero. Cae el telón y nos fundimos todos en un abrazo, echando los nervios por los poros. Cantábamos, no sé qué. Gritábamos, no sé qué. Toda la ropa que nos quedaba llena de maquillaje. Saltábamos en grupo, haciendo un círculo. Manolo Quero no cabía en sí. "Vamos Cadi, hemos venío a verte…" Arrancó el Ale Canto a cantar. Le siguió hasta Valiente. Felipe también saltaba. Chato y Sergio se acercaron, que nos habían seguido desde bambalinas…




Las imágenes que se me pasarán por delante serán, entre otras, la del telón del Falla levantándose y la de todos nosotros abrazados tras la actuación. Impresionantes momentos.

Disculpen por el exceso, pero la narración de los hechos lo merecía y no he podido sino resumirlo así.

Mil gracias a Chito. Y a Sergio. Y a Chato. Porque es verdad que "dos gaditanos pusieron el alma por cumplir mi sueño"; nuestro sueño. Sueño cumplido. Gracias a todos.


Etiquetas: ,

jueves, octubre 15, 2009


Cuando nos hicimos esta foto fue un 3 de abril. Recien llegado éste que firma a Dublín. Su primera deferencia conmigo fue llevarme a un bar. Luego me prestó dinero, me consiguió una bici, me mantuvo un puñado de semanas...pero su primer detalle fue llevarme a un bar.
Caste es ahora policia, pero en cada página del libro que podríamos escribir juntos es simplemente un personaje. De mirada templada y aparentemente distraida juega con los azares de sus propias ocurrencias para labrarse una vida singular y divertida. Es feliz y suele hacer feliz a los que tiene alrededor. De sus manos "porruas" y hábiles he visto brotar auténticas obras de arte y auténticos despropósitos. No les hablo de arte. Les hablo de genio.
Juntos, un buen dia, fundamos un grupo scout y desde que eramos prácticamente "pollitos" hemos forjado una amistad que a dia de hoy es auténtica a pesar de los pesares. Él entiende a Chito y Chito entiende a Caste. Sólo en dos o tres ocasiones lo vi enfadado de verdad. No existe entonces templaza que lo sosiegue.
Cobra hace tiempo seguro que merecía ser retratado en el largarto. Pero cada cosa tiene su momento. Y probablemente hoy es el momento porque estoy en vísperas de irme a empezar una nueva vida en Londres. Él me abrió las puertas del "nuevo mundo" y con muchas dosis de optimismo y trabajo sobrevivimos en Dublín.
Nos hemos reido, hemos llorado, hemos compartido y hasta hemos compartido cacerías. De todo por tal de mantener indemne en el tiempo la magia que existe entre los dos.
Se que este tipo de mariconadas escritas en clave pseudoliteraria le pueden llegar a incomodar, pero en el fondo se que le gustan y por eso lo comparto con todos vosotros.
Hoy, dia de maletas, billetes, cambios de divisas y otras hierbas es un dia para hacer un "kitkat" y rendirte mi pequeño homenaje. Y cuando llegue allí, con dos mongolos en la cabeza, un piso en Gardiner Street y mi bicicleta roja pensaré que en algún momento se abrirá la puerta del salón y aparecerás preguntando aquello de: "Enano, ¿Te apetece un Té?". Ya sabes que la respuesta es sí...sin apartar la vista del ordenador y maldiciendo el fuckin' weather que nos impide salir a Henry St. a dar una vuelta.
Mi relación con este tipo es así. Una amistad de ida y vuelta donde no hay nada suyo....ni nada mio...
Lo de menos fué que mi deuda contigo llegara a los seiscientos euros. No te olvides que espero una visita en Londres...
Tú dices clicto...y yo digo Rilke...
Perdonad la tardanza y lo íntimo de este post...Supongo que lo entendereis...
Chito

lunes, septiembre 28, 2009





Nuevamente me gustaría poner el acento a cosas que no me gustan. No es cuestión de ideología política, aunque algo de ideología tal vez sí que tenga… ideología según el prisma con el que se mire, porque algunos entre los que me incluyo, tendemos a denominarlo más bien "sentido común". Y bien es verdad que debería ser más común de lo que es.


Los políticos, de una banca, de otra, alternan sus proyectos de leyes de educación conforme se alternan ellos en el poder. Es un arma poderosa a favor a la vez que en contra, pero sobre todo es de una importancia vital, ya que hablamos de la cultura, de la manera en que van a pensar y de tal vez una ideología futura para las generaciones que terminaran poblando nuestro país, trabajando en nuestros trabajos y lo más importante, pagando nuestras pensiones. Y muchas veces culpan de este fracaso a los profesores. Esa es otra. La profesión con más bajas laborales por depresión… joder lo que tienen que sufrir estas pobres criaturas, bregando a todas horas con una mancha de hijoputas, yonkis en potencia y gérmenes de criminales (claro, que la mayoría no son así, pero sí un alto porcentaje). No es menos verdad que muchos de estos profesores no tienen una verdadera vocación, sino que son personas con facilidad para memorizar y se meten en los fangos de unas oposiciones para adquirir un puesto de trabajo fijo con una retribución digna (de las pocas profesiones de este país que la tienen, aparte de ser concejal de Marbella) y un horario cómodo. Pero eso no quiere decir que se merezcan tratar con lo que tratan.


Los profesores culpan a los padres de las maneras de los hijos, y lo malo es que llevan gran parte de razón. Pero a mi parecer, el problema radica en la sociedad en que vivimos en general (cada día somos más norteamericanos y ya pronto tendremos a niños con pistolas matando gente en los colegios) y a la televisión en particular.


¿No se da cuenta nadie de que en este país es necesaria una ley que regule el nivel de mierda que pueden echar por la tele? Y los padres tienen la culpa de estar viendo a todas horas mierda, y los niños asumen muchos de esos roles. Pero a tal extremo ha llegado, que ya no basta con que nuestros hijos acaben siendo, lamentablemente, jorgejavieresvazquez o belenesesteban, que me parece un pésimo cúlmen de la mezquindad, sino que hoy en día se han puesto de moda en esos genios que deciden la programación de las cadenas, crear series para niños y jóvenes donde los profesores mantienen sexo abiertamente con las alumnas, el más guay es el que más drogas consume, el más chuloplaya y los gorditos y las gorditas de clase son los perdedores que tienen problemas de autoestima, porque no hay personas normales, sino que son o top models o gente muy poco agraciada.


Cuando éramos jóvenes se veían series familiares de comedia. Luego llegó el anti-andaluz del miliquito con otra serie, igualmente familiar en la que se nos daba con cuchara gorda lecciones de moral por un tubo, pero también era aceptable. Ahora priman actrices con treinta años que se hacen pasar por quinceañeras, locas por ventilarse al profe madurito e interesante, drogadictos que triunfan en la vida, se llevan a las tías más punteras y conducen los coches más fascinantes y son rebeldes con sus profes, que finalmente acaban dándoles la razón y yéndose juntos de cañas.


Me parece lamentable que nuestros políticos no se den cuenta de esto y se distraigan insultándose y buscándose trapos sucios, cuando esto no sólo es educar en la mierda a nuestros futuros ciudadanos, sino que es educar en la mierda a los padres. Muy pronto seremos un país de burros, centurios, querremos a Belén Esteban de presidenta, a Yola Berrocal de alcaldesa y a Jorge Javier Vázquez de ministro de educación. Aunque si pienso en los que hemos tenido en nuestro país en los últimos quince años, tal vez la diferencia no sea tan abismal…



Y ya sólo puedo cerrar este post con una frase del GENIO GROUCHO MARX (sí, sí, esto se escribe con mayúscula): "La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro".





Pdta/: Iros a la mierda, belenestelebasuras, jorgesmierdas y programadorestelevisivos (en especial los de tele jinco).


Etiquetas: ,

viernes, julio 31, 2009


Héroe de Guerra.

Entré en la casa que olía a rancio, a viejo, a antiguo. Olía a dormitorio de persona mayor. Esa mezcla entre madera vieja y perfume de alguna extraña flor.

- Espera aquí, ahora vuelvo.

Había poca luz, la que entraba por una ventana al fondo del largo pasillo. Me dediqué a mirar la infinidad de retratos que colgaban por las paredes, con marcos tan dispares como las personas que en ellos aparecían. Gentes de campo de hacía años. Alguna parecía tener tal vez el siglo. Posaban con ese aire hierático propio de las estatuas egipcias, mirando al objetivo, pero como si no tuviesen vida. Extraños peinados y ropajes. Viendo que tardaba, por entretenerme, decidí elegir al azar un retrato cualquiera e imaginar la historia que envolvía a la persona que en ella saliera. Mi dedo se posó sobre uno en el que se veía a un hombre de unos veintipocos, con un pantalón militar. Sujetaba un fusil al hombro. Tenía una camiseta blanca sucia pero sin excesos. Peinado corto, con la raya a un lado. Miraba la cámara serio. En su mirada se adivinaba tristeza, tensión y rabia acumulada. Pensé que había estado batallando en alguna guerra, tal vez en la civil. Habría visto morir a sus compañeros, a amigos de la infancia, asesinados por gente en contra de la que no tenía nada, sólo el absurdo motivo de encontrarse en el otro bando, al otro lado de la línea imaginaria que separa el bien del mal a este lado, el mal del bien al otro. Tal vez fuese de los últimos días de la guerra y en su corazón se albergaba la tibia esperanza de que todo acabase. De poder sobrevivir y ser feliz lejos del infierno. Su mujer le estaría esperando, rezando a cada poco para que las balas no le alcanzasen, para poder disfrutar de su compañía, de su calor cada noche al otro filo de la cama. Aquella mirada…

Para cuando ella bajó tras lo que creí una eternidad yo ya admiraba profundamente a aquel soldado, héroe de la guerra.

- ¿Qué le pasa a éste hombre? ¿Por qué está tan serio? ¿Acaso sufrió mucho en la guerra? –Ella me miró con desgana mientras se colocaba el abrigo. Se acercó al retrato que le señalaba y casi sin mirarlo, casi sin mirarme, contestó.

- Ese era mi abuelo. Era su primer día de la mili. Tenía esa cara porque alegó tener los pies planos para evitarla, pero su petición fue denegada. No llegó a ir a la guerra. Se pasó dos años pelando patatas y limpiando el cuartel.

- ¿Entonces no fue un valiente soldado que murió en el campo de batalla? –Rió.

- Si quieres vamos al bar de la esquina. Tiene ochenta y tres, pero estará seguro bebiendo carajillos con los amigos. –Me quedé pasmado. Mi nuevo ídolo acababa de caerse de su pedestal.




Etiquetas: ,

jueves, julio 16, 2009




A poco que pongamos la radio, la tele, cojamos un periódico o cliqueemos en cualquier web de información en internet, veremos que la crisis es un tema que nos inunda. Por más que nos lavemos los dientes no se nos va ese sabor de boca, siempre está ahí y los medios se encargan a diario de seguir frotando el temita para que no perdamos ese agrio sabor.

Os contaré una anécdota sobre historias particulares y curiosas de la crisis: Hace algunas semanas, después de ducharme en el gimnasio, mientras me vestía y demás, un hombre de unos cincuenta y tantos hablaba amistosamente con todo el que estaba por el vestuario. Empezó dando sus propios pronósticos de la crisis. El hombre hablaba con una autoridad y una terminología que seguramente la ministra de economía no sería capaz de seguir lo que decía. Yo estaba bastante perdido dentro de todos aquellos términos y números, pero entre líneas deduje que él pensaba que no volverían los precios de viviendas y demás a donde estaban antes hasta dentro de una década.


Los demás que estaban allí pasaban literalmente del hombre. A mí me gustó esa manera de expresarse que tenía y esa amabilidad y simpatía que irradiaba. Le dije que se veía que estaba puesto en el tema, sonrió y me respondió no con cierta falsa modestia que era economista y que hacía algunos meses un canal nacional de televisión le llamó para participar en una especie de coloquio sobre la crisis y la economía nacional y mundial. Y como vio que yo le estaba escuchando, empezó a contarme su caso particular. Por lo visto el gachón había sido promotor.


- Hemos pasado de que nos abran los bancos y los directores nos reciban con alfombra roja y ramo de rosas, a que nos miren como si fuésemos bichos raros...

...llega un momento en el que entras en una especie de ciclo en el que estás negociando por unos terrenos, en otros estás hablando con arquitectos de planos, en otros estás construyendo el edificio y en otro vendiendo pisos. Y cuando acabas con el último paso de un terreno empiezas con el primero de otro. Es un círculo. Yo empecé a ver que la cosa caía, pero estaba tan metido en el círculo que no podía salir...

...vendí hace un año un local valorado en casi millón y medio de euros por ochocientosmil. Entonces me bajé los pantalones, pero si no lo hubiese hecho me habría tenido que quedar con él...

...ahora trabajo vendiendo seguros del hogar y cosas de esas. Soy bueno, pero no gano lo suficiente como para ir pagando las letras. Y mi problema es que tengo terrenos y viviendas en varios países por valor de decenas de millones de euros, sin embargo no tengo en el bolsillo cincuenta euros en efectivo para ir a cenar con mi mujer. Éstas son las cosas de la crisis. Hay familias que salen beneficiadas, por ejemplo, aquellas en que ambos sean funcionarios. Todo es más barato ahora, y si siguen cobrando ahora dosmil, y hace dos años dosmil, es como ahora ganar casi el doble...




Me dejó perplejo. No sé hasta qué punto se tiraba del moco o decía la verdad, el caso es que la historia se me quedó en la sien y tenía que soltárosla en el lagarto, porque no nos íbamos a escapar nosotros sin hablar de la crisis.



Etiquetas: ,

lunes, junio 29, 2009




Y allí estaba yo aquel último día de verano. Apenas cuatro locas con la mísera pretensión de seguir morenas estaban ya en la playa, tratando de robar los últimos rayos de sol. Ya se notaban las tardes más cortas, y aquella sin duda era la más corta de mi estancia costera, pero a mí me pareció la más larga de todas. Me había despedido de los golfos que conocí tomando cervezas en los bares un par de días antes, porque ellos ya habían vuelto a su ciudad; a su realidad. Me despedí de los camareros, del que me vendía pipas en el kiosco, de la dependienta de la cafetería donde desayunaba cuando desayunaba. Incluso de aquel socorrista tan macarra que nos regañaba cuando jugábamos a la pelota en la playa. Sólo me faltaba despedirme de ella. Era la última bala que me quedaba. Todo  un verano tonteando, dejando las tardes, las noches pasar. Y como siempre hice, lo dejé todo para el último momento. Me iba a declarar. Ya sabía yo que era el último día, que con suerte no nos volveríamos a ver hasta el verano siguiente, pero estaba dispuesto a pedirle matrimonio, si hacía falta. Tenía quince años, pero no me importaría esperar por ella, porque realmente creía que merecía la pena.


La pena fue que no apareció. Que la flor que tenía para darle como presente en mi declaración estaba empezando a quedar lacia y dormida, como el verano que ya languidecía. Un mensaje de texto al móvil fue su fría despedida. La mujer de hielo no se dignó ni en aparecer. "Siento no despedirme en persona. Tuve que salir antes porque mi novio me espera. Me alegro de conocerte. Que tengas suerte".


Fantástico, todo el verano tonteando conmigo y tienes novio... pues nada, que te vaya muy bien con tu Romeo, imbécil. Encontraré mil mejores que tú.


Tiré la flor al suelo consciente de que jamás en mi triste existencia encontraría a alguien como ella. 


Etiquetas: ,

miércoles, junio 10, 2009



Cuando somos niños a todos nos gusta ser unos aparentados. Yo también lo era. Porque yo fui “grunge” cuando se llevaba serlo. Yo era uno de esos niñatos rockeros de media melena rubia y pantalones raídos. Y como siempre, o como casi siempre, el cine tuvo la culpa de todo.
Habíamos quedado para tomar unas cervezas y ver una peli en casa de un amigo. Nos juntamos siete u ocho y me puse al lado de la niña que por aquel entonces me hacía tilín. Su nombre no viene al caso y el caso es que casi ni recuerdo su nombre. Abrimos el gélido y amarillo elemento y nos pusimos a calistrear entre las películas (todas en vhs). Allí apareció una portada de una película titulada "Ghost". Un auténtico pastel americano…y allí que se pusieron las que mandan (las mujeres) de morros para que nos tragáramos aquel inmundo pastelazo. Resignados ante el poder de lo que tira más que dos carretas, nos sentamos frente a la televisión…
“Antes de ser asesinado, Sam le dijo a Molly que la querría y la protegería para siempre”…Y efectivamente se cargaron al tal Sam, que era un rubio guaperas de moda. Luego la escenita de la monedita…y en un momento dado de la película noté como la mano de mi acompañante se posaba en la mía en uno de esos momentos de emoción.
Fue ese el momento en el que decidí meterme en la película, con la única e innoble intención de llevarme al huerto a la guapísima rockera que habitaba el otro lado del sillón noventero. Empezaron a ocurrir cosas impresionantes en la película y empecé a darme cuenta que la cinta, a esas alturas, me tenía la partida más que ganada.
Intentaba evadirme de tanta emoción, pero las tersas manos de mi pretendida y el argumento rematadamente maquiavélico de la película me tenían atrapado más allá del tubo de imagen de aquel viejo televisor.
Mi garganta se empezó a inundar de nudos cuando llegó una vez más la médium negra y empezó a hablar con la chica. De repente sin saber muy bien como…Yo me sentía más Sam que el propio Patrick Swayze, aunque no sabía si la chica que estaba junto a mí (cuya cabeza ya reposaba en mi hombro absolutamente desconsolada) se sentía tan Molly como Demi Moore.
A esas horas de la noche quedaba totalmente confirmado que yo era una simple marioneta a merced del cine y de mis hormonas.
En todo esto un halo de luz se abrió en la pared y de entre sus rayos apareció Sam, mientras los ojos de la desdichada Molly se llenaban de lágrimas de una forma casi desproporcionada. Aquella “Melodía desencadenada” irrumpió en los fueros de mi corazón y cuando me di cuenta andaba mordiéndome el labio inferior y con los ojos absolutamente arrasados de lágrimas, mientras a mi alrededor, todo eran sollozos y narices tirando con energía de los mocos hacía dentro…
El mito “grunge” hacía minutos que dormía el sueño de los justos.
Él la besó a ella….y yo deseaba con todas mis fuerzas que la manceba que apretaba mi mano hiciera lo propio conmigo.
Al final…La negra se despide del fantasma, Molly se queda sola como la una, Sam se larga para el cielo o para el purgatorio, mi damisela comenta emocionada la jugada con el resto de niñas de la reunión, mi cerveza se había calentado, mi camiseta negra de Nirvana estaba empapada con mis propias lágrimas y mi pretendida estaba tan emocionada que no me hacía ni puto caso.
Os garantizo, que aquellos no eran mis planes para esa noche…Pero la verdad es que la película me encantó. Y a día de hoy me gustaría verla de nuevo junto a esa chiquilla…que actualmente tiene dos hijos y ha cogido como unos treinta kilos de más.
Es el tiempo amigo mio….te lo quita y de lo dá

Chito

Pd.- Tienen a la antorcha humana en un bloque de cemento, ni siquiera la alianza ha podido detenerlos…

Etiquetas: , , ,