lunes, marzo 24, 2014

Le debía un post.



No porque fuese mi familiar o amigo… ni tan siquiera alguien cercano, pero se lo debía. Se lo debía porque era de ese tipo de personas que sin buscarlo ni proponérselo tenía la creatividad, la magia y la templanza de ser capaz de hacer de cualquier momento algo bohemio; de darle ese punto a la atmósfera que hacía que lo viejo fuese inspirador, que lo frío fuese acogedor, que lo inútil fuese original.

“Yo también soy una persona muy creativa, tengo sensibilidad y un punto de artista”. Así me contestó una noche en la que le dije que me parecía muy original su idea decorativa de meter una rosa roja, viva intensa, en una botella vacía de coca-cola de cristal. Recuerdo que estuvo largo rato a raíz de ese comentario hablándome del tipo de cosas creativas que le gustaban, como restaurar sillas viejas y dejarlas nuevas pero con sabor a lo añejo. “¿Ves esa silla de ahí? Tiene más de un siglo. Estaba en mi campo, era de mi abuela… le hice tal y tal… y ahora la tengo aquí. La gente viene y no sabe que se está sentando en una silla que tiene más de un siglo…”.

Especialmente divertida fue también una noche, allá por noviembre de 2007, en la que acabamos un ensayo sobre las nueve de la noche, muertos de frío y con mal cuerpo. Nadie quería salir y todos afirmamos que del ensayo a casa, hasta que Pedro nos propuso ir a tomar una cerveza a su bar y de allí a casa. Era imposible ir al bar Eulogio y tomarse sólo una cerveza. Recuerdo que empezamos a pedir tapas y, como siempre ha sido en su bar, cuando nos llegó la primera tapa, esas que él preparaba con todo el mimo y toda la calma del mundo, ya llevábamos unas 3 cervezas. Cenamos allí contando historias disparatadas y anécdotas de todos los colores. El propio Eulogio soltaba carcajadas escuchando las historias, con esa risa tan a lo Jesús Quintero. Sobre las tres de la madrugada ya hacía rato que éramos los únicos que quedábamos en el bar así que algún iluminado tuvo la genial idea de ir a Arriate. Esa noche acabamos tomándonos la última en el pub del Papí Faito, Carli, Chito, Pedro y un servidor.

Otra carnavalera que tengo de allí fue al salir de un ensayo de “Los Briconcejos”, en enero de 2010, el día antes de la Erizá de Cádiz, la que liamos con Pablo, un genio guitarrista que salió aquel año con nosotros, haciendo entrevistas con el móvil.

En 2006 mi amigo David Rey de Huelva estuvo unos meses viviendo en Ronda y alucinó cuando, al salir de un partido de fútbol, lo llevamos allí a tomarnos unas cañas. Me he quedado con ganas de enseñarle ese sitio tan original al Cuñao Jesús.

También recuerdo los carnavales pasados, el día que salimos de grabar el penúltimo programa de Porrazo y Zoplío, que Manolito, Chito y yo fuimos a tomarnos una caña allí, cómo estuvimos estudiando la posibilidad de entrevistar al Toti para el último programa que emitiríamos una semana después. Recuerdo que a Eulogio le pareció la idea divertidísima y acabó por darnos el empujón que nos faltaba para acabar de decidirnos.

Por no hablar de las innumerables tapas y cervezas que nos hemos tomado allí al salir de cualquier partido de fútbol, los ratitos cantando carnavales cuando quedaba poca gente, partidas al futbolín o ratitos tomando algo y comentando cualquier locura que echaran por la tele.

Cierro los ojos y veo esa atmósfera atemporal que el bueno de Eulogio creó en su bar, llena de fotos en blanco y negro del cine de los años 50. Esas mesas y sillas sin orden concreto, la chimenea de hierro, el servicio tan estrecho y con el wc tan alto, la sala de dentro con sillas, apelotonada y oscura, su peculiar coche aparcado en la puerta… y detrás de la barra una decoración kitsch y él, con su calma, su plancha, su mimo al hacer las tapas.

Una injusticia que te hayas ido tan pronto, amigo Eulogio. Este carnavalerucho enamorado al arte con hechuras de bohemio va a echar de menos ese rincón de la historia del cine que creaste, ese buen hacer y ese carácter amable que le imprimías a todo. 


Una de nuevecitos al nido y una caña, Eulogio, que invita Chito.