jueves, octubre 23, 2014

Las equivocaciones



Ortega y Gasset dijo aquello tan manido de “Yo soy yo y mis circunstancias”. Pues yo puedo actualizar ese dicho y poner “Yo soy yo y mis equivocaciones”. ¿O acaso no somos lo que somos por la casualidad? ¿Y equivocarse no es una casualidad?
Esta noche he leído en el Facebook de una amiga que “Lo mejor de la vida muchas veces llega gracias a las equivocaciones. Son los empujones que nos hacen llegar a sitios donde nunca pensamos estar”.

Vale, empiezo desde el principio:

El lunes me dijo un compañero de clase que tenía una chica que estaba interesada él y que quería quitársela de encima como fuese, pero que no quería quedar mal con ella porque le caía bastante bien. El caso es que mi compañero tenía novia y, al saber que yo soy un buen tipo que no tiene éxito con el sector femenino, pensó que podría matar dos pájaros de un tiro si era yo el que, de manera fortuita, se cruzaba con ella y acababa quedándome con el interés de la susodicha; así que me propuso un plan infalible: iba a quedar en una cafetería con ella. Le diría que iría con él un compañero de clase, o sea yo, porque justo después teníamos que hacer un trabajo y andaba mal de agenda. Ella aceptó, claro, pero el plan consistía en que él no aparecería y mientras tanto, yo tendría que mostrar mis encantos de aspirante a dibujante de cómics de éxito.

Me puse la ropa más cooltureta que encontré con mis gafas de pasta, mis vaqueros, mis Convers, mi camiseta de los Beatles y a modo de chaqueta mi camisa roja abierta. Me peiné haciendo ver que tenía un look informal pero calculado y me lancé a la aventura con mi libro de “El guardián entre el centeno” en las manos, como quien, de casualidad, ese día había estado en el parque leyendo la obra de Salinger.

“Es una chica que le mola mucho el rollo bohemio y culto. Sé simpático, gracioso y demuestra que no sólo eres un trozo de carne con gafas de aumento” -me aconsejó mi compañero. El plan era infalible.

Habíamos quedado los tres en una cafetería del centro. Me dijo que era una cafetería nueva que habían abierto al lado de una tienda de ropa muy famosa, con el cartel verde. Fui a la tienda y busqué pero no di con ninguna cafetería con el cartel verde. Al menos con ninguna que estuviese al lado; sí había una cafetería con el cartel verde, pero estaba frente a la tienda. Entré buscando la descripción de la chica que me había dado.
Miré alrededor y aquello era más bien un pub lleno de heavys, con pinchos, ropas negras y pantalones rotos por mil sitios. Algunos me miraron y se dieron cuenta de que era el panoli más grande que había cruzado ese escalón en bastante tiempo. Era un lugar en el que yo no habría entrado ni por dinero… pero sí por amor.

En una mesa al fondo había una chica morena sentada sola. Me acerqué para observarla y ver si era ella, ya que aparentemente era la única que no estaba acompañada en todo el pub. Cuando llegué a su altura me fijé y me cuadraba bastante con lo que me había dicho mi compañero: morena, guapa, ojos claros y piel muy blanca. Llevaba unos vaqueros ajustados y unas botas bajas así color camel y un jersey negro que le quedaba ancho. Al verme acercarme alzó la vista de un libro que leía tranquilamente.
- Hola, soy el amigo de Jose.
- Ah, hola. Jose me ha hablado muy bien de ti.
- ¿Te importa que me siente?
- ¡Veo que traes el libro pero no la rosa! -bromeó- ¿El Guardián entre el centeno? ¿Te gusta Salinger? -La verdad es que era cierto eso de que la chica fuese culta. Me senté en la silla que tenía frente a ella.
- Sí, bueno… Llevo unas cuarenta páginas. Es pronto aún para saber si me gustará.
- Lo que más me llamó la atención fue el lenguaje que utiliza el protagonista, tan vulgar y repetitivo que lo hace único. Aunque no sé qué encontró el asesino de Lennon en ese libro para que siempre lo llevase encima… -¿El asesino de Lennon? No sabía de qué hablaba, pero tal y como me advirtió mi compañero, a ella le molaban los tíos cultos, así que le seguí el rollo.
- La verdad es que sí que es fuerte eso… de momento no le veo nada especial para tanto…

Me pedí otra cerveza para acompañarla y empezamos a charlar. Era una tía más inteligente y culta que guapa, y eso me dejaba a mí por debajo de ella doblemente, pero me sentí a gusto y estuvimos toda la tarde charlando. Pensaba que yo le interesaba también porque en toda la tarde no me preguntó por Jose.
A las 9 de la noche me dijo que si me apetecía ir a ver una peli de cine dogma de Lars Von Trier, un tipo que yo no sabía quién era pero que descubrí después que no usaba un trípode ni un cámara con buen pulso en toda la película. De allí nos fuimos a tomar unos chupitos y acabamos fumando en la terraza de una casa abandonada. Y por fin me besó.

La acompañé a casa y quedamos en vernos ese mismo fin de semana.
- Ha sido un placer, Víctor.
- ¿Víctor?
- ¿Tú no te llamas Víctor?
- No, me llamo Paco. Como el chiste…
- Espera, ¿tú no eres Victor, el amigo de Jose?
- No, soy Paco, el amigo de Jose. No sé quién es Victor el amigo de Jose
- ¿Hablamos de Jose Pérez?
- Yo hablo de Jose Maldonado
- A ver, te cuento mi versión: mi amigo Jose Pérez me dijo que un amigo suyo heavy acababa de pasar por una ruptura dura y le apetecía mucho conocerme y que esta tarde se iba a pasar por aquel bareto de mierda para charlar un rato. Yo no estaba por la labor porque no me gustan los heavys para nada, pero cuando te vi pensé que eras tú y me alegró ver que no eres tan heavy… ¡de hecho pensé que tal vez te diese una oportunidad!
- Te cuento mi versión ahora: Mi amigo Jose Maldonado había quedado con una chica que quería que yo conociera y su idea era organizar una cita en una cafetería con ella pero no presentarse él… yo no estaba muy por la labor pero cuando te vi con esos ojos claros pensé que tal vez te diese una oportunidad…


Vaya, lo que os decía al principio de la cita de Facebook, que lo mejor de la vida llega gracias a las equivocaciones.
El caso es que desde el lunes tengo novia, que mi amigo Jose Maldonado no se ha quitado de encima a la chica que le da “megusta” a todas sus fotos y que ayer martes leí en Twitter que un heavy se había tirado desde el puente al río.

Como diría Holden Caulfield: “Qué fuerte. Quiero decir que me parece fuerte todo esto”.